• Rincón del Lector

Angy. III Parte

Los niños empezaban jugando y terminaban peleando, se decían palabrotas y se daban la media vuelta en cuanto no estaba de acuerdo en algo, no se entendía la razón de estar tan susceptibles a la riña.

¿Por qué no se ponen de acuerdo? Unos presumen sus juguetes nuevos, otros quieren arrebatárselos y destruirlos. ¿Por qué serán tan egoístas? Muchas preguntas sin respuesta.


Se acercó a otro ángel, compañero de él.

-¿Tienes mucho tiempo entre ellos?

-¡Un poco, pero aún no los comprendo! Reaccionan de una manera extraña, disfrutan molestando a otros, no entiendo por qué lo hacen, ¿qué sentirán con ello?, no logro imaginar su sentir por más que me esfuerzo, pero así son, impredecibles, son como un mar en calma cuando duermen, pero al despertar se vuelven unos demonios incontenibles.


Angy no había entendido nada de lo que le explicó, pues era su primer día entre ellos, ni siquiera comprendía que era sentir, estaba más confundido a cada momento, se despidió de su compañero y siguió observando al más pequeño de los hermanos.

Tan sólo quedó en su mente una palabra que le rondaba con inquietud,

¿Qué será sentir?, se preguntaba con insistencia.

Sonó el timbre que anunciaba el término de las clases, todos se empujaban, sin consideración alguna para los más pequeños que iban a salir, como si tuvieran un tiempo contado para lograrlo y perderían si se quedaban atrás, todo era extraño, se conducían de una forma imprudente.

Padre E Hijo, Caminar, El Amor, Niño, Alegría

En la puerta estaban las mamás esperándolos con ansia, con angustia en sus rostros, algunas malhumoradas, la mamá del pequeño lo estrechó con cariño, se veía una energía de múltiples colores cuando esto pasaba, Angy empezó a desear sentir lo que el niño sentía, esa sonrisa de agrado debía de ser por algo.

¿Qué era el amor, qué se sentía con ello?

Esa inquietud empezó a anidar en su cabeza, provocando una inquietud que iba creciendo conforme miraba las diferentes representaciones que los seres se daban en cada abrazo, en cada beso, con el simple hecho de tocarse de las manos.

Su devoción por el creador era inequívoca y única, no definía si el amor era lo mismo, porque nunca se hacían esas muestras entre ellos, la lealtad estaba escrito de una forma determinada.

Tomaba nota de todo lo que observaba, pero no descartaba el hecho de querer experimentar la sensación que los seres se daban con diferentes caricias.

Una luz irradiaba de todos los pequeños, ésta era de colores intensos, según el estado de ánimo en que se encontraran, no había nada diferente en ellos que pudiera definirse como el detonante de las peleas constantes que iniciaban por cualquier motivo.

Tenían salud física, una familia estable, el amor de sus padres, las muestras de cariño y preocupación de ambos, ¿por qué peleaban entonces?,era una pregunta que no tenía respuesta aparentemente.

Niños, Feliz, Grupo, Amigos, Hermanos, Sonrisa

Imitaban a los adultos, si éstos discutían, peleaban o se hacían cariños, los niños los imitaban en sus juegos. Angy decidió regresar al paraíso, porque no tenía más respuestas, los días en su estancia en la tierra no le había enseñado más que lo que entendió desde el primer día, sin embargo, creció la inquietud por saber que se sentía ser niño.

En cuánto regresó al paraíso solicitó una audiencia con su padre celestial, llevaba el resumen de sus observaciones, pero sobre todo la inquietud de tener respuestas a sus dudas.


El creador le autorizó la visita personalizada.

-Mi pequeño hijo, el más obediente, uno de los mejores, ¡Sé a qué has venido!, más ahora te digo que tú tienes un privilegio importante en esta comunidad, que no necesitas experimentar más.

–Perdón por mi atrevimiento Señor, pero no encontré el motivo real de tantas riñas entre los niños del planeta tierra, tan sólo que “son el reflejo de sus padres” por ello, vengo humildemente a solicitarle que me conceda ocupar el lugar de un niño humano, para entender su sentir y poder descubrir la razón de su desasosiego.

-Es muy noble tu requerimiento, pero te recuerdo que si ahora deseas ser un niño humano, es porque te contaminaste de ellos, además perderías tus derechos de ángel de los que hoy gozas en el momento de existir de carne y hueso, además jamás regresarías aquí y no podrías recordar nada de tu vida celestial, tal vez no sea conveniente tu solicitud.

–Lo sé Señor, pero ha nacido en mí una inquietud especial por saber que se siente cuando una madre prodiga de besos y caricias a su hijo.

Además no pude comprender muchas de sus actitudes, yo quiero experimentarlas aunque en ello me vaya mi existencia de ángel.

-En este momento no tenía para ti ese privilegio, tendrías que esperar la oportunidad más apropiada, eres un ángel especial, digno de disfrutar el mejor de los encuentros, será necesario que te ubique con una madre excepcional como lo eres tú, será como un premio a tu lealtad y buen servicio.

–Señor, perdón de nuevo por mi atrevimiento, pero quisiera saber ¿cuánto tiempo tendré que esperar para ello? -Tal parece que caes en la terquedad, pero no me dejas alternativa y te enseñaré que no es buena tu insistencia, saldrás en el siguiente grupo de ángeles que se convertirán en niños, ¡Qué te enlisten ya!.

–¡Gracias señor, muchas gracias!


Angy salió de ahí con el mejor de los ánimos, sería un niño verdadero, como lo era aquel que acompaño durante varios días, se acogerá en los brazos de su madre, la amara intensamente, se hacía la promesa de ser el hijo mejor portado, el más entusiasta, no pelearía con nadie…

…comenzó la preparación de su viaje, en ella se le informó que saliendo de ahí no podría regresar, que era un privilegio de pocos, pero que no volverían a ser ángeles jamás, que se harían mortales inevitablemente, que no tendrían otra oportunidad, que podían desistir de ello si así lo deseaban.

Al parecer Angy estaba totalmente decidido a ser un niño de verdad, nada de lo que le pudieran decir lo haría cambiar de idea, así que siguió con mucha atención las instrucciones que le dieran.


Noruega, Montañas, Al Aire Libre, Personas, Paisaje

Todos se miraban con inquietud, ¿cómo serían?, ¿cambiarían sus facciones?, ¿serían buenos niños?, éstas y otras tantas más eran las preguntas que se hacían en el más profundo de los silencios.

Uno a uno los iban llamando para salir conforme se daba el caso de cada quién, ya quedaban muy pocos y Angy no era seleccionado, su ansiedad se hizo más grande, empezó a inquietarse y lo demostraba desde su lugar, dentro de ello repasaba una y otra vez todo lo que deseaba hacer en cuanto estuviera en la tierra con vida.


La espera era una eternidad incontenible, osó dirigirse a la cápsula de envío y preguntó si faltaba mucho para tomar su lugar, el encargado le llamó la atención y le informó que no había aún lugar para él, que esperara paciente, que tendría mucho tiempo después para disfrutar su existencia, que mejor agradeciera su calidad de ángel mientras la tuviera.

Regresó a su lugar, pero sumamente contrariado, ya quería enlistarse a la vida, ya quería vivir y sentir como niño.


Su terquedad llenó de descontento al creador, quién estaba al pendiente de todos y cada uno de ellos, así que sin pensarlo más dio la orden de que saliera inmediatamente a ocupar el lugar del siguiente niño preñado sobre la tierra, fuera cual fuera su suerte, su indicación se cumplió de inmediato.

Angy no reparaba en nada continuaba pensando, mientras viajaba a la vida, qué sería, lo que haría, lo que disfrutaría siempre, en fin, estaba feliz de poder ser de carne y hueso muy pronto, sin darse cuenta se quedó dormido.

Ya no supo más de lo que sucedía en su entorno, en unos instantes se transformó… …un ruido extraño lo hizo despertar, todo atarantado trató de identificar el lugar donde se encontraba, era muy acogedor, sin embargo un movimiento repentino lo hacía zangolotearse de donde estaba…

…un gusto enorme lo hizo estallar de emoción, era su primer sentir de vida, ya estaba ahí listo a formarse como bebé, el movimiento que percibió fue la primera señal que recibía su futura madre, de su existencia, ella se encontraba en el baño escolar devolviendo el estómago, siendo él el causante.

Apenas un par de semanas atrás había pasado la fiesta de fin de curso que se celebraba en la casa de un compañero de Luz, su madre, ahí conoció ella a un amigo de su compañero, platicaron buen rato, bailaron y se tomaron unas cuantas bebidas con alcohol ya entonados se encendieron los ánimos de ambos y en un momento de locura sucedió todo, ella se quedó con la herencia genética del muchacho, él tan sólo con su número telefónico de ella, había sido tan sólo un momento de inconciencia por parte de los dos.

Los días siguientes fueron para Luz, como cualquier otro, pronto entraría a la preparatoria y había un camino largo por recorrer, se habían hecho las solicitudes de diferentes planteles para las escuelas de medio superior, así que el futuro estaba llegando a la puerta.

Luz creía que la comida le había caído mal, no había vuelto a verse con Josué, el joven de la fiesta, ni siquiera le llamó una sola vez, pero tampoco le importaba, era su primera vez, su mente inocente no pensaba en nada.


Su vida continuaba como si no hubiera hecho nada, nunca reflexionó sobre ello.

Los malestares se agudizaron en los días subsecuentes, fue entonces cuando empezó a sospechar que algo no estaba bien dentro de ella misma, la fecha de su periodo ya llevaba días de retrazo, se acercó a su mejor amiga para comentarles sobre sus dudas, se sorprendió la joven de lo que le confiaba Luz, no supo que contestarle, tan sólo le dijo que primero tendría que estar segura y después a ver que hacía.

Angy seguía feliz dentro del vientre, la mayor parte del tiempo se la pasaba durmiendo, cuando le llegaban los malestares a su mamá era cuando despertaba, al escucharla hablar se emocionaba de verdad, quería conocerla, pensaba en que pasara pronto el tiempo para que llegara el tiempo de sentir sus brazos amorosos, de mirarse en sus ojos, de disfrutar de sus caricias, como tanto lo había anhelado. Todo transcurría con normalidad en el desarrollo de Angy, aunque el cuerpo de su futura madre fuera tan joven.


Cuatro semanas de estancia en ese nuevo paraíso, eran sus primeras sensaciones de Angy, el lugar tan acogedor, con la temperatura exacta, sus alimentos puntuales y sin nada de que preocuparse, era su estadía de ese ángel tan apasionado de la vida.

Como si fuera un experto puntual del tiempo, se dio a la tarea de diseñar el proyecto de vida que tendría…


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