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Campeones sin ruido

Las injusticias y marginalidad en el deporte mundial se dan desde hace muchos años, pero en la actualidad se ha acentuado mucho más a causa de la popularidad de unos y el olvido de otros. Incluso de otros que quizás hicieron el mismo o mucho más esfuerzo para ganar algo que después les quitaron o no reconocieron de la forma que debería ser.

Un claro ejemplo de ello es el caso de Jim Thorpe, un atleta americano que ganó la medalla de oro en decatlón y pentatlón en los juegos olímpicos de Estocolmo (Suecia) en 1912 con cierta facilidad sobre los demás oponentes. Tal fue su destreza y talento en estos deportes que el propio rey de Suecia, en ese entonces Gustav V dijo que Thorpe era, sin duda alguna, el mejor atleta del mundo.

Pero todo su esfuerzo fue pisoteado por los organizadores del evento deportivo cuando lo descalificaron al enterarse de que había recibido dinero a cambio de jugar otro deporte cuando era más joven, específicamente el béisbol. Ante esta violación del reglamento de la época, el Comité Olímpico Internacional le quitó sus medallas.

Pero... ¿Qué falta infringió Thorpe? ¿Acaso puede alguien como él ser culpable por tratar de ser el mejor de todos los tiempos? ¿Por prepararse y esforzarse más que los demás y barrer con todas las pruebas en las que iba a competir? ¡Pues de nada es culpable Thorpe! Tanto es así, que 70 años después de estos juegos en Estocolmo, el comité indultó a Thorpe oficialmente y en 1982, 29 años después de su muerte, le devolvieron las medallas de oro que injustamente le habían arrebatado.

Y ya para qué, me pregunto, si Thorpe murió creyendo que era un tramposo o que su esfuerzo no había valido la pena... así les ocurre a tantos otros deportistas y deportes que son marginales. Sí, son marginados en muchas competencias y no se les da el verdadero valor que se les debería dar ni se les muestra cómo se les debería mostrar. Porque muchos deportistas se esfuerzan igual o mucho más que Cristiano Ronaldo, Tom Brady o Rafael Nadal y no logran tener el reconocimiento mundial que deberían.

¿O es que los chicos corredores de McFarland en 1987, que corren a diario por las costas californianas en los quehaceres diarios de su vida y que debido a esto y a sus capacidades forman un equipo de cross-country para competir y salir adelante, con un gran entrenador que los motiva de la forma adecuada pero que dirigía futbol americano y no este deporte, no merecen el reconocimiento a su esfuerzo diario? ¿No merecen acaso ser conocidos por todo el mundo? La verdad, estoy seguro de que sí lo merecen. Por eso estoy firmemente convencido de que estos deportes y deportistas que han sido marginados deben tener el reconocimiento que se merecen.


Y lo merecen a pesar de que esta marginalidad venga de tiempos inmemoriales, como también viene el conflicto entre Rusia y los Estados Unidos que en la parte deportiva también han tenido sus encontronazos. Por ejemplo, los Juegos Olímpicos de Moscú en 1980 fueron boicoteados por EEUU y sus aliados debido a una intervención soviética en Afganistán. Años más tarde, la antigua Unión Soviética se desquitó de semejante agravio boicoteando a su vez los siguientes juegos celebrados en los Ángeles.


La Unión Soviética es la principal ganadora en la historia de los juegos con 7 Olímpicos de invierno en sus vitrinas como Unión Soviética y otros dos como Rusia. Por ende, las rencillas y peleas entre estos dos gigantes mundiales son un cuento viejo al igual que la marginalidad en el deporte y que ya deberían cesar por el bien no solo de la humanidad sino también de la justicia deportiva.

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