• Rincón del Lector

Influencia del feminismo en el siglo XXI

En esencia, el feminismo es un movimiento mundial, impulsado sobre todo por mujeres. Su objetivo original era lograr la igualdad de género, poniendo fin a la violencia contra la mujer y a su subordinación social, así como reivindicar sus derechos. Este movimiento empezó a cobrar mayor fuerza en la segunda mitad del siglo XVIII, durante la Revolución Francesa. El feminismo no solo perdura hasta nuestros días, sino que ha ido escalando fuerza y poder en muchas partes del mundo de forma paulatina. Quizás el principal logro, incluso alcanzado en algunos países en las postrimerías de dicho siglo, ha sido la reivindicación en el sufragio.

En la actualidad, ha habido algunos cambios en la percepción y en la motivación de este movimiento ya que se ha constituido como una corriente de pensamiento que reúne un conjunto de movimientos e ideologías políticas, culturales y económicas, que ya no busca, sino que lucha por tener la equidad de género y la transformación de las relaciones de poder entre ambos sexos.


Este movimiento ha enarbolado dos banderas muy importantes. Por un lado, busca alcanzar el sufragio, que en la mayor parte de los países del mundo la mujer no lo tenía. Se cobija además bajo el lema de “Ni una Menos”. En este último sentido, hay estadísticas pasmosas y trágicas de la gran cantidad de mujeres que son asesinadas o que desaparecen diariamente en todo el mundo. En México murieron asesinadas 10.5 mujeres diariamente durante el primer semestre del 2021. En Argentina una mujer fue asesinada cada 32 horas desde enero hasta octubre de 2021. En España murieron 47 mujeres asesinadas en 2021. En Colombia murieron 535 mujeres asesinadas entre enero y julio de 2021. En Alemania murió una mujer asesinada cada dos días y medio en 2021... Y así podríamos seguir enumerando más y más países. Efectivamente, esta bandera sigue muy vigente porque, además, lamentablemente, la tendencia es al incremento.

Con este entorno surge la pregunta de si la violencia contra la mujer va en aumento. El movimiento feminista aparentemente se ha incrementado en los últimos años, hasta el grado de que se ha vuelto cada vez más violenta. ¿Qué se puede esperar de este movimiento?


Un rasgo importante que pudiera aún estar influyendo en la lentitud de su evolución es que no se enfrenta la situación a la justicia que lo antecede, sino al problema de la subordinación de varias generaciones de mujeres casadas con una rasgo profundo de desempoderamiento de las mujeres adultas de la actualidad. Un rasgo inequívoco de poder perdido y que pareciera ser un lastre mientras la cultura de equidad de géneros cubra todos los niveles socioeconómicos.

En resumen, el cambio de la subordinación al género opuesto será superado al obtener un liderazgo que está llevando al movimiento feminista a una realidad indeseable de la aceptación a la subordinación al propio género. Este proceso de cambio y encontrar el equilibrio y aceptar la subordinación a líderes de su mismo género es un proceso de cambio cultural que, si bien es cierto ya se inició, está todavía lejos de ser alcanzado y esta debilidad es la que un sistema político aprovecha para usar esta bandera. En la encrucijada del movimiento feminista de alcanzar el poder debemos plantearnos dos preguntas clave: ¿El poder sobre qué? ¿El poder para qué? Esta disyuntiva, planteada por Thomas Wartenberg, es justamente por la que está pasando este movimiento. Esto lo hace dilucidando pensamientos de fondo, pero al mismo tiempo abriendo brechas por las que se generan.

Una de estas facciones separatistas es el feminismo radical, definido simplistamente como mujeres que fácilmente se enardecen porque no han podido procesar y superar los traumas generados con la figura paterna, y que fueron aprovechadas por organizaciones criminales para orientar y desencadenar su furia hacia la propiedad privada, mujeres policías, periodistas y todo aquello que represente la tradición, porque ese es el enemigo de la nueva izquierda: la familia y la iglesia principalmente, como parte fundamental en la destrucción de las estructuras.

En México, el movimiento feminista se ha dejado sentir sobre todo a partir del año 2019, cuando se realizaron numerosas movilizaciones y llevaron al paro a varias escuelas universitarias. Salieron a las calles, convocando a asociaciones y actores/as sociales muy diversos. Se trata de un movimiento “de nuevo tipo”: con un/a actor/a protagonista peculiar, diversificado y, en muchos sentidos, diferente a los movimientos feministas anteriores, sin un liderazgo especifico y unificado, y que se ha desplegado con un lenguaje “propio”, directo y confrontativo, recurriendo incluso al uso de la violencia como medio de “comunicar y sacudir”. Es un movimiento que ha conseguido impactar a la opinión pública, y otros logros significativos, como llamar la atención de las autoridades y generar ciertos cambios institucionales y normativos.

En este despertar del siglo XXI, las manifestaciones contra la violencia en la mujer, se han tonificado con las amenazas que se presentan por violencia de género, cada vez más inaceptables e intolerables para las mujeres, especialmente para las nuevas generaciones extremadamente amenazadas en su vida cotidiana. Acoso, violación, secuestro, trata, amedrentamiento, discriminación o abuso presente en múltiples espacios (laborales, escolares y familiares) son signos inequívocos de un permanente asedio a las mujeres, que se han agudizado en forma exponencial en los últimos años y no se puede soslayar otro hecho de trascendencia en varios países de América Latina: la despenalización del aborto. Un movimiento que defiende la idea de que “la mujer es dueña de su cuerpo” y que consiguió que se legalizara el aborto en países como Argentina tras múltiples años de lucha como os contamos aquí.

La respuesta ante demandas concretas y expresadas de manera violenta en centros neurálgicos de la capital del país, han contado con el desprecio de las autoridades a todos los niveles o minimizado los reclamos, lo que ha recrudecido los reclamos y enardecido los ánimos de las ofendidas.


Esta manifestación de pensamiento y cambio en la estructura social está llamado a ser, en un futuro inmediato, un foco de especial atención si se considera que pueda ser motor de cambio o, en su expresión más radical, grupos ajenos a este movimiento pero con intereses perfectamente definidos puedan valerse de la influencia o el temor generado por la mujeres manifestantes. Estamos en el umbral de cambios que no nos imaginamos su crudeza si es que las autoridades no toman en serio las demandas y atinan a sentarse al diálogo, para un encuentro en la construcción de y una sociedad en equilibrio integral.


Escrito por: Jorge Fernández de Lara

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