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Por qué los terremotos de Turquía y Siria han sido tan mortíferos

El pasado lunes 6 de febrero pasará a la historia como un día negro donde dos grandes terremotos, de 7.8 y 7.5 de magnitud en la escala de Richter, sacudieran el sureste de Turquía, cerca de la frontera de Siria a las 4:17 y 13:24 hora local, respectivamente. Si bien aún nos levantamos todos los días con la buena noticia de que han conseguido rescatar, una semana después, un superviviente entre los escombros, este terremoto ha sido uno de los más cruentos de la historia, siendo el más mortífero en Turquía desde el terremoto de Erzincan de 1939 y el más mortífero en Siria desde el terremoto de Alepo de 1822. Las cifras son escalofriantes, con más de 1000 réplicas, 6500 edificios destruidos, 41 mil muertos, 114 mil heridos y 2 millones de personas que han tenido que abandonar sus casas por temor a nuevas sacudidas.


El primer terremoto, cuyo epicentro se encontraba cerca de Gaziantep, ha sido calificado como "mayor" dentro de la escala de magnitud oficial, alcanzando una intensidad de Mercalli modificada de XI o “Muy desastroso”. Dicha alta intensidad se debe, por una parte, a la fuerza en sí del terremoto al presentar una magnitud de 7.8 en la escala de Richter. Por otra parte, no podemos olvidar que su foco fue relativamente poco profundo, a tan solo unos 18 kilómetros tierra adentro. Este tipo de terremotos son, por lo general, capaces de destruir la mayor parte de las obras de mampostería, lo que explica el alto número de edificios destruidos y el alto número de víctimas.

La magnitud del terremoto ha sido tal que la profesora Joanna Faure Walker, directora del Instituto para la Reducción de Riesgos y Desastres del University College of Londres, dijo: "De los terremotos que haya habido más mortíferos en un año cualquiera, en los últimos 10 años ha habido solamente dos de una magnitud equivalente (al de este lunes). Y solo cuatro similares si nos remontamos a la década anterior".


Por otro lado, Carmen Solana, profesora adjunta de vulcanología y comunicación de riesgos de la Universidad de Portsmouth, decía unas pocas horas después del terremoto: "Desafortunadamente, es muy poco común que haya infraestructuras resistentes en el sur de Turquía y especialmente en Siria. En este momento, salvar más vidas depende de una rápida respuesta. Las próximas horas son cruciales para encontrar supervivientes. Después de las primeras 48 horas el número de supervivientes disminuye drásticamente". El rescate, en este caso, fue especialmente crítico debido a la tormenta de nieve que azotaba la región unas pocas horas después del terremoto e impedía el acceso a los medios de rescate necesarios.


Si bien tanto Turquía como Siria se encuentran en una zona sismológicamente activa, pues el epicentro se encontraba cerca de la triple unión de tres placas tectónicas, la Anatolia, la Arabia y la Africa, estos terremotos han ocurrido en una región donde hacía más de 200 años que no había un seísmo de estas magnitudes ni había habido ninguna señal de advertencia previa, por lo que el nivel de preparación del personal de asistencia era inferior al de personal de otras zonas del país que estén más acostumbradas a temblores. Aun así, la sismóloga de la Red Sísmica Nacional de España, Arancha Izquierdo, apuntaba que "para una magnitud de 7,8 es muy difícil construir algo que lo resista, casi todas las construcciones en la mayoría del mundo no están preparadas".

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