• Rincón del Lector

Quevedo y el Siglo de Oro

Actualizado: nov 4

Una de las figuras más complejas e importantes del barroco español, un hombre culto, libre e insobornable, conocido especialmente por su obra poética, aunque también escribió narrativa, teatro y diversos opúsculos filosóficos, políticos, teológicos, satíricos, morales, ascéticos, hagiográficos, humanísticos e históricos. Conocedor de muchas lenguas, incluidas las semíticas, fue también traductor del latín y del griego, y, entre las lenguas modernas, del italiano y del francés.


Nació en 1580 en Madrid en el seno de una familia de la aristocracia cortesana. Estudió en el colegio de la Compañía de Jesús en Madrid y en la Universidad de Alcalá (Madrid); después cursó estudios de teología en la Universidad de Valladolid (1601-1606). En esta época ya destacaba por su gran cultura y por la acidez de sus críticas contra Luis de Góngora. En 1606 marchó a Madrid en busca de éxito y bienes materiales a través del duque de Osuna, quien se convirtió en su protector.


En 1613 viajó a Italia llamado por el duque de Osuna, entonces virrey de Nápoles, el cual le encomendó importantes y arriesgadas misiones diplomáticas con el fin de defender el virreinato. Un asunto oscuro, relacionado con una supuesta conspiración con Francia, hizo que fuese detenido en 1639 y encarcelado en San Marcos de León, donde las duras condiciones mermaron su salud. Al quedar libre, en 1643, ya era un hombre acabado y se retiró a La Torre para después instalarse en Villanueva de los Infantes, donde el 8 de septiembre de 1645 murió.


Obra poética

La obra poética de Quevedo, que está constituida por unos 875 poemas, presenta ejemplos de casi todos los subgéneros de su época: poesía satírico-burlesca, amorosa, moral e inmoral, una parodia de la poesía heroica, poemas de circunstancias, descriptivos, religiosos y fúnebres. Pero además incluye poemas metafísicos y filosóficos.


La primera impresión de sus poemas tuvo lugar en 1605, en la antología conocida con el nombre de Primera parte de las flores de poetas ilustres de España; incluye diecisiete poemas. Pero el resto fue publicado en forma póstuma en dos obras: El Parnaso español (1648) y Las Tres Musas Últimas Castellanas (1670).

Uno de sus poemas “A una nariz” es un soneto satírico escrito parodiando la nariz de Luis de Góngora. Corresponde a la colección El Parnaso español:


A un hombre de gran nariz

Érase un hombre a una nariz pegado, Érase una nariz superlativa, Érase una alquitara medio viva, Érase un peje espada mal barbado;

Era un reloj de sol mal encarado. Érase un elefante boca arriba, Érase una nariz sayón y escriba, Un Ovidio Nasón mal narigado.

Érase el espolón de una galera, Érase una pirámide de Egito, Los doce tribus de narices era;

Érase un naricísimo infinito, Frisón archinariz, caratulera, Sabañón garrafal morado y frito.


La obra de Francisco de Quevedo es fascinante para todo lector y propone un reto a la inteligencia y la sensibilidad de nuestro tiempo, como lo hicieron en el suyo.





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