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Una historia de vida especial: La tía abuela Odelcia y el mandarino

Hoy os quiero contar una historia de vida especial. Es una bella historia que me contó una gran amiga nuestra, Sofía Natali Mauri, acerca de su familia.

Una persona, una semilla

Una historia, nuestra herencia…


La tía abuela Odelcia

Una tarde, Odelcia de 80 años comía una mandarina. Pero no era cualquier mandarina, era una fruta muy particular de esas que son muy sabrosas, que disfrutas y te hacen pensar más allá. Esa peculiar mandarina la hizo pensar en los bebés de la familia, que en ese momento eran (Nahuel, Nicolás, Ezequiel, Julieta, Sofía y Victoria) y en cómo hacerles un regalo especial que perdurará en el tiempo. Luego de comerla, separó 6 de sus semillas, las plantó en vasos de yogurt y esperó… Después de muchos cuidados y amor, esas semillas ya eran pequeñas plantas listas para seguir su camino. En una reunión familiar le entregó a cada familia las plantas, dándoles una nueva planta con cada nuevo bebé que llegaba a la familia.


Nuestra semillita

En 1998 nos mudamos a una casa con jardín. Nuestras semillas seguían creciendo en maceta. Una mañana mi abuela Ofelia que le encanta encargarse de las plantas, la trasplantó al jardín. Pasaron los años y esa pequeña plantita se iba transformando. Cada llamada de la tía para hablar le contábamos cómo estaba la planta y como iba creciendo. Después de varios años se convirtió en árbol y dio sus primeras mandarinas, pequeñas pero valiosas frutas. Se imaginan la felicidad al contarle a nuestra tía al saber que la planta había dado sus primeras mandarinas, si bien en ese entonces no se podían comer, la satisfacción de saber que ese árbol era producto de esa semilla era lo más importante para todos nosotros.

El árbol

Le da un toque especial al frente de nuestra casa, es el laberinto perfecto para los gatos, el lugar favorito de nuestro pájaro, el perfume preferido de la familia en primavera y la fuente de trabajo de miles de abejas que llegan cada verano. Mirarlo es fuente de inspiración. Con los años se puso muy hermoso y sus frutos hoy en día, año 2020 son dulces y los podemos comer. El tiempo pasó, nosotros crecimos, la mandarina maduró, la tía se fue… pero algo nos quedó…su semilla, su árbol, sus raíces. Un árbol que, a simple vista, sólo parece un lindo árbol que da mandarinas en cada otoño, pero que en realidad esconde una historia particular y especial en su interior.

Muchas personas pasan por delante y nos preguntan. A todas ellas les damos mandarinas de nuestro árbol y le contamos nuestra historia.


Un recuerdo muy especial

No todos tienen la posibilidad de conocer a la tía abuela de sus papás. Nosotros sí y así de especial como es su historia… «100 años vividos con total lucidez hasta el final, 3 matrimonios realizados por civil e iglesia, 2 de los cuales fueron luego de sus 80 años.» fue la marca que dejó en nuestras vidas. Quizás su objetivo de que cada uno tuviera su árbol no pudo lograrse de la manera que imaginó inicialmente, pero lo que sí logró con una semilla que funcionara, es que cada año cuando da frutos nos acordemos de ella, que sea el tema que salva cualquier conversación tensa.

«Detrás de nosotros, quedará una estela. El rastro de lo que fuimos, de lo que hicimos, de lo que sentimos. Nuestra huella, nuestra herencia»

Que en cada encuentro familiar en casa todos la recordemos al ver el árbol, que cada persona que se lleve mandarinas se lleve un pedacito de esa magia para transformarla como lo hizo ella. Esa pequeña semilla fue un conector en todos nosotros. Una manera de no ser olvidada, de seguir estando con su querida familia.

Lo especial de saber de qué esté donde esté, siempre será parte de nosotros. Una simple semilla, una persona especial y un amor incondicional por su familia Una historia que trasciende a través de las generaciones.

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