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¿Vivirías cerca de un volcán?

Cuando vemos el río de lava de Cumbre Vieja deslizarse por las poblaciones situadas a su alrededor y arrasar con todo a su paso nos preguntamos por qué la gente querría vivir en la ladera de un volcán, especialmente considerando que la isla ha sido ya escenario de tres erupciones volcánicas en el último siglo. Pero en las Islas Canarias, al igual que en otras zonas con alto riesgo de erupciones volcánicas, lo tienen claro. ¡No cambiarían su hogar por el volcán!

Y es que con el paso de los años se han adaptado a lo que implica vivir en las proximidades del volcán y han establecido distintos protocolos que, como el Plan Especial de Protección Civil y Atención de Emergencias por riesgo volcánico en la Comunidad Autónoma de Canarias (PEVOLCA), establecen las medidas de control y actuación ante una erupción volcánica. Un plan que define, entre otras muchas cosas, la organización y los recursos con los que el Gobierno de Canarias y Protección Civil actuarán en caso de una erupción en cualquiera de sus islas. Aunque obviamente no pueden evitar la erupción, al menos sí están tranquilos de que estarán prevenidos para cuando esto ocurra, y que podrán huir a tiempo. Y es que nueve días antes de que Cumbre Vieja entrase en erupción los gobiernos locales ya estaban sobre preaviso ante lo que se avecinaba y pudieron poner las cosas a punto lo mejor que pudieron. ¡Lo que darían los habitantes de Pompeya o Atlantis por haber tenido un plan de actuación similar!


Además, y como ya ocurriera tras la erupción del San Juan o Nambroque en 1949, los habitantes de La Palma saben cómo recuperar el terreno tras la erupción y volver a plantar plátanos en la isla a base de cubrir el basalto y los piroclastos, ya fríos, con una gruesa capa de tierra de otra zona de la isla. Una regeneración que, no obstante, es difícil y exige un gran esfuerzo económico por parte de todos. ¡Pero no están dispuestos a darse por vencidos!


Aunque los daños a nivel local sean evidentes, no solo son ellos los afectados. ¿Sabías que, en muchas ocasiones, los daños del volcán no se limitan a las poblaciones de su alrededor, sino que se pueden llegar a sentir en todo el mundo? Para ilustrar este fenómeno quiero contarte la historia de dos volcanes cuyo impacto ha ido mucho más allá de las fronteras, afectando a un gran número de países: el Tambora (Indonesia) y el Eyjafjallajökull (Islandia).


La erupción del volcán Tambora de 1815 fue, de hecho, tan intensa que sus efectos se sintieron en todo el mundo. Considerada la mayor erupción volcánica de los últimos 1300 años, sus cenizas recorrieron distancias de ¡¡más de 11500 km!! y fueron las responsables del temible año sin verano en el mundo entero. Un año caracterizado por un frío especialmente intenso en todo el hemisferio Norte y que, afectando a toda Europa y Norteamérica, causó grandes nevadas en sitios tan inusuales como México o Guatemala. Y es que, en zonas donde habitualmente están a 35ºC en verano la temperatura había bajado drásticamente hasta situarse cerca de los 0ºC… ¡en pleno mes de julio!


Pero el invierno volcánico no es el único efecto de las cenizas emitidas en una erupción volcánica. Su nombre es tan raro que quizás no lo recuerdes, pero de seguro has oído hablar mil veces sobre los efectos que la erupción del Eyjafjallajökull tuvo en abril del 2010. Las dos erupciones del Eyjafjallajökull, el 14 de abril y el 15 de abril de 2010 paralizaron los aviones en todo un continente a medida que los distintos países iban cerrando sus espacios aéreos por miedo al daño que la nube de cenizas podía causar en las turbinas y los motores de los aviones. El resultado… más de 100,000 vuelos cancelados y pérdidas de más de 1250 millones de euros que, de seguro, serán difíciles de olvidar para los diez millones de personas que intentaban buscar un medio alternativo de transporte.


¿Y si te dijera que es posible detener una erupción volcánica…?

Preocupados por la magnitud de los daños causados por una erupción volcánica de gran envergadura, y especialmente ante el temor de que el supervolcán Yellowstone entrase de nuevo en erupción en pleno corazón de los Estados Unidos, los científicos de la NASA se pusieron manos a la obra, tratando de descubrir cómo mitigar el daño y, de ser posible, detener una erupción volcánica en un supervolcán. Tras muchos estudios, llegaron a la conclusión de que debería ser posible, cuanto menos, minimizar el impacto de una erupción volcánica de gran envergadura a base de infiltrar y bombear grandes cantidades de agua en el cono del volcán para, así, diluir el magma y los gases y evitar de este modo una explosión violenta que afectara no solo a Estados Unidos, sino seguramente a todo el planeta.

Curiosamente, no obstante, el Servicio Geológico de los Estados Unidos (USGS) se negó a implementar estas medidas considerando que el supervolcán Yellowstone ya entró en erupción y que estadísticamente es poco probable que lo haga de nuevo en las próximas décadas, y que por tanto no está justificado un gasto tan alto para un riesgo tan poco probable.


Y tú, ¿qué opinas al respecto? ¿Te atreverías a vivir cerca de un volcán? ¿Piensas que sería preferible evitar el riesgo a toda costa? ¡Déjanoslo en los comentarios! Y recuerda seguir leyéndonos para descubrir más artículos interesantes.

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