Testimonio

Salvador Fraire Ramírez

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Desde que llegué a Estados Unidos, la vida me dio un giro de 180 grados. Comprendí el término "país de primer mundo". Llegar a Estados Unidos es nacer de nuevo. Como todo nacimiento hay algo de luz y oscuridad en el proceso. Dejar la vida que uno conoce atrás por la promesa de una mejor es la decisión crucial. Sin embargo, todo tiene un costo. Es verdad que en Estados Unidos se puede lograr un nivel de vida más aceptable, pero... ¿Qué se está dispuesto a sacrificar?

 

La mayoría de inmigrantes necesita de dos trabajos para sostener sus finanzas y ayudar (si así lo hacen) a sus conocidos que siguen en el país de origen. Es necesario trabajar casi 40 horas a la semana en cada trabajo para vivir. La diferencia radica en los resultados. Trabajar sin cansancio tiene su recompensa: casa, carro y nivel de vida, entre otros. Esto es algo que no se ve en Latinoamérica, trabajar sin cansancio y no ver la recompensa, llegar siempre tambaleando por las deudas y lo difícil que es ganar un salario digno. Realmente, la oportunidad de vivir en un país diferente, uno de primer mundo, no es siempre feliz porque el sacrificio es grande para tener condiciones de vida necesarias, pero se puede lograr. Extraño a mi familia y mi vida de antes, creo que la frase, el amor no lo compra el dinero, cobra sentido cuando tienes un mejor nivel de vida pero estas solo.  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

¡Conoce mi historia en el libro El sueño de un inmigrante!

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